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lunes, 12 de abril de 2021

Rogoff: China y la debilidad del dólar

 


Kennet Rogoff cree que el dominio internacional actual del dólar estadounidense puede debilitarse.
Cree que China abandonará en algún momento su política actual de mantener el valor del yuan atado a una cesta de monedas. Adoptarán un mecanismo de metas de inflación con una flotación más libre.
Cree que entonces la mayor parte de Asia seguirá a China y la importancia del dólar se reducirá a la mitad.
USA depende del dólar para financiar su emisión de deuda pública y privada, especialmente por la Covid-19.
Los argumentos para que China deje de depender del dólar son:

  • El PIB de China (a precios internacionales) superó al de USA en 2014.
  • China crece más rápido que USA y Europa.
  • Las transacciones internacionales en dólares dan demasiada información de datos a USA por la intervención de la Fed (lo que también preocupa a Europa).
  • USA defiende políticas de restricción comercial a China.

China lleva tiempo preparando el camino del abandono de la fijación del yuan:

  • Flexibilizó el acceso de inversores institucionales a bonos en yuanes.
  • En 2016 el FMI añadió el yuan a la cesta de monedas de su archivo de reserva.
  • El Banco Popular de China está muy adelantado en el desarrollo de una moneda digital (de momento de uso interno) que facilitará a China datos relevantes en un futuro uso internacional.

Cree Rogoff que USA tratará de mantener a las economías proclives a China en la órbita del dólar, pero no será fácil, de la misma manera que cuando USA eclipsó a Gran Bretaña.
Igualmente ocurrió cuando Europa comprendió, tras una alta inflación en los 70, que el comercio intraeuropeo era más importante que el comercio con USA y formó un bloque alrededor del marco alemán que se transformó en el euro.
Cree que no hay nada de cuestionable en que el euro, el yuan y el dólar compartan el centro del escenario internacional. Ese cambio, que puede necesitar mucho tiempo, puede provocar la subida de tipos de interés de la deuda pública de USA, con efectos para pequeñas y medianas empresas. Ahora bien, "funcionarios estadounidenses y muchos economistas, al parecer, siguen convencidos de que el apetito mundial de deuda denominada en dólares es casi insaciable". ¿Estará pensando Rogoff en economistas como Stephanie Kelton?


Kenneth Rogoff: La frágil hegemonía del dólar. El País, 11.04.2021.




domingo, 4 de abril de 2021

Stephanie Kelton: El mito del déficit

 

Stephanie Kelton defiende la aplicación de la Teoría monetaria moderna (MMT) para alcanzar una Economía de la gente (People's Economy).
La idea de la MMT ha sido criticada por Paul Krugman, y hay un vivo debate con Stephanie Kelton a través de artículos de prensa y publicaciones.
En esencia, Kelton defiende que el déficit público no debería ser un límite para el gasto público, sino más bien el control de la inflación, para lo cual no necesariamente hay que contener el déficit público. Cree que mayores déficits públicos pueden facilitar recuperaciones más rápidas y fuertes evitando, además, las grandes pérdidas para las personas y las familias.
Kelton restringe la aplicabilidad de la MMT a aquellos países con soberanía monetaria. No todos los países tienen el mismo grado de soberanía monetaria. Según Kelton los países con un alto grado de soberanía monetaria son aquellos que gastan, imponen impuestos y piden prestado en su propia moneda, que es no convertible y tiene un tipo de cambio flotante. "No convertible" significa que el Estado no promete convertir la moneda propia en oro o en una divisa extranjera a un precio fijo. Así, podemos considerar que los siguientes países tienen soberanía monetaria: USA, UK, Japón, Australia, Canada y China. Sin embargo países como Ecuador y Panama apenas tienen soberanía monetaria porque sus sistemas monetarios están diseñados alrededor del dólar, que es una moneda cuyos gobiernos no pueden emitir. Otros países, como Argentina o Venezuela, pueden emitir sus propias monedas, pero piden prestado mucho en dólares, lo que limita su soberanía monetaria. Los 19 países que operan con el Euro también carecen de soberanía monetaria porque han transferido la autoridad de emisión monetaria  al Banco Central Europeo.
Kelton defiende que si no se aumenta más el déficit público, cuando esto ayudaría más a la economía, es porque existen una serie de mitos económicos que es necesario desterrar, a cuya tarea destina el presente libro.
 

He aquí, en resumen, los principales mitos que quiere desmontar con su libro y algunas de las razones que presenta para ello:
 

1. El presupuesto público funciona como el de una familia.
Cree que este pernicioso mito es falso porque mientras el Estado puede emitir moneda, las familias no pueden hacerlo. El Estado no depende de ingresos como impuestos o pedir prestado para financiar sus gastos, sino que la principal restricción para el gasto público es la inflación.


2. El déficit público es la evidencia del gasto excesivo.
Señala que hemos escuchado a los políticos lamentarse del déficit como prueba de que el Gobierno ha vivido por encima de sus posibilidades. Esto es un error. Si un Gobierno gasta 100$ en la economía pero recauda 90$ en impuestos, se dice que hay un déficit público. Pero esta es una mirada parcial. Si se han gastado 100$, en alguna otra parte de la economía están los otros 10$. La evidencia del exceso de gasto está en la inflación, no en el gasto.


3. El déficit público es una carga para la siguiente generación.
Indica que se dice tal cosa porque se afirma que las generaciones futuras tendrán que pagar lo gastado. Cree que la historia muestra que es falso, y pone como ejemplo que en USA el déficit ascendió al 120% del PIB tras la segunga guerra mundial, cuando se creó la clase media, con aumentos de sueldos, y lo que ocurrió fue que la siguiente generación disfrutó de mayores niveles de vida sin sufrir la carga de mayores impuestos. Ni un mayor déficit hará a las siguientes generaciones más pobres, ni tampoco un menor déficit las hará más ricas.

4. El déficit es dañino porque reduce la inversión privada y socava el cremiento a largo plazo.
Este mito descansa, según la autora, en la falsa suposición de que para financiar su déficit el gobierno tiene que competir con otros tomadores de préstamos para acceder a un limitado suministro de ahorros. Así, la idea es que el gobierno consume dinero que de otro modo se invertiría en esfuerzos del sector privado que promueven la prosperidad a largo plazo. Kelton quiere demostrar que es verdad justamente lo contrario: Los déficits públicos incrementan los ahorros privados y se acumulan en inversión privada.

5. El déficit público hace a USA dependiente de extranjeros. 

Este mito nos hace creer que países como China y Japón tienen gran influencia sobre USA porque disponen de grandes cantidades de deuda pública de USA. Kelton quiere mostrar que eso es una ficción utilizada por políticos como excusa para ignorar programas sociales con necesidad de apoyo económico. El mito ignora que el dólar no se origina en China, sino en USA; quien no está realmente pidiendo prestado a China más que lo que está suministrando con dólares y entonces permitiéndoles comerciar con aquellos dólares a través de un seguro interés llamado Tesoro de los USA. En realidad USA puede pagar inmediatamente la deuda con sólo pulsar una tecla.

6. Los subsidios nos propulsan a la crisis fiscal a largo plazo.
En este caso, los culpables son la seguridad Social y los sistemas públicos de salud. Kelton quiere mostrar que esta manera de pensar es errónea, que no hay ninguna razón para realizar recortes en los sistemas de seguridad social y de salud, porque el Estado nunca podrá quedarse sin dinero. En lugar de concentrase en dichos recortes, los políticos deben dedicarse a gestionar los recursos para desarrollar más sostenibles métodos de producción frente al cambio climático.
 

Stephanie Kelton (Bell): The Deficit Myth. 2020, New York, Public Affairs Hachette Book Group.

miércoles, 10 de agosto de 2016

Stiglitz: El problema del Euro


Stiglitz cree que hay muchas razones para el pesimismo acerca de la subsistencia de la Unión Europea (UE), y en especial del Euro; pero también cree que hay grandes esperanzas puesto que mucha gente desea una UE reformada en la que los acuerdos no sirvan tanto a las empresas como a los más amplios intereses sociales.
Cree Stiglitz que la creación del Euro sin el establecimiento de las instituciones adecuadas fue un error puesto que actualmente no ha alcanzado sus objetivos de una mayor prosperidad y mayor integración. Por el contrario, señala, los viejos estereotipos renacen puesto que la Europa del norte acusa al sur de perezoso y poco fiable, al tiempo que se invoca la memoria de la conducta de Alemania en la guerra.
Lo cierto, según Stiglitz, es que Europa falló al no crear las instituciones que hubieran podido gestionar la diversidad de los países miembros. Peor aún, recuerda, la estructura de la eurozona se creó sobre determinadas ideas -por ejemplo la de un banco central con la tarea de controlar la inflación- no diseñadas para el crecimiento, el empleo y la estabilidad.
Según Stiglitz los políticos que quisieron forjar una Europa más unida estuvieron guiados por la idea de moda de entonces consistente en la fe en los mercados, pero les faltó una comprensión de las limitaciones de los mercados y de qué hacer cuando no funcionan. Mientras que en la mayoría del mundo la ideología fundamentalista de los mercados ha sido desacreditada, especialmente tras la crisis de 2008, esas ideas perviven y florecen en la potencia dominante de la eurozona: Alemania.
Argumenta Stiglitz que Alemania pone su propio crecimiento como ejemplo, pero es un crecimiento que se compara con otros países de la UE, y no con EEUU, en cuyo caso la comparación le es desfavorable.
Los líderes de la eurozona culpan a la víctima, a los países en recesión o depresión o conmovidos tras el resultado de un referendum. No quieren culparse a sí mismos y a las excelentes instituciones que han ayudado a crear y dirigen. Pero culpar a la víctima, insiste, no soluciona el problema del Euro.
Indica Stiglitz que nadie debe haberse sorprendido de que la respuesta de Europa al referendum de Reino Unido (RU) haya sido la misma que recibió Grecia en su referendum de junio de 2015. Van Rompuy expresó la idea extendida de que convocar el referendum "fue la peor decisión política en décadas." Cree Stiglitz que ello expresa una profunda antipatía por la confianza democrática. Además, recalca, en la mayoría de casos en los que los votantes han tenido ocasión, han rechazado el Euro, la Unión Europea y la Constitución Europea.
Defiende Stiglitz que si se quiere castigar a RU, el castigo revertirá en Europa también. Critica el tipo de respuesta del castigo para evitar que otros países sigan el camino de RU, pues significa que hay que mantener Europa unida por el miedo a salir más que por los beneficios, prosperidad y solidaridad de permanecer unidos.
Considera que debe repensarse Europa, creando una más democrática Europa que quiera mejorar el bienestar de los ciudadanos ordinarios, lo que no se puede hacer con la ideología neoliberal, y tampoco si no se gestiona mejor el Euro.
Stiglitz, Joseph. "The problem with Europe is the Euro". The Guardian, 10.08.2016.